Una mente liberada, de Steven C. Hayes

Sentado cómodamente a los mandos, con una lógica implacable, el piloto es capaz de controlar todos los movimientos. Se desplaza, acelera o vira en redondo con tocar tan solo un par de botones en el interfaz de control. El manual de instrucciones, desarrollado por los mejores ingenieros, prevé todas las situaciones posibles: para cada escollo del camino hay una solución prevista, una ecuación infalible que resuelve el problema. Si el radar anuncia un obstáculo, inmediatamente se activan los mecanismos defensivos más avanzados, que ponen en marcha elaboradas estrategias de evitación para sortearlo. La máquina es impecable en su diseño, nada altera su curso…

Panel de control

Y es que los logros del pensamiento simbólico son extraordinarios. Miramos a nuestro alrededor y vemos por todos lados los prodigios de la técnica, capaces de darnos un mundo a la medida del hombre. Un mundo perfectamente servicial, diseñado para satisfacer casi al instante cualquier necesidad que se nos ocurra, para aliviar de inmediato hasta la más mínima molestia que nos altere. Dos pasos, una llamada o cuatro clicks en nuestros teléfonos inteligentes bastan para colmar en un tiempo récord cualquier deseo que aletee en nuestra imaginación.

Al frente de todo este despliegue de recursos prácticamente ilimitados, nuestro mayor orgullo: el pensamiento, la capacidad humana de resolver problemas. “El buen sentido -decía Descartes, precursor de la Matemática Universal que nos allana hoy el mundo- es la cosa mejor repartida del mundo, puesto que cada uno piensa estar tan bien provisto de él que, incluso aquellos que son más difíciles de contentar en otra cosa cualquiera, no acostumbran a desear más de lo que tienen”.

Descartes

Así que, confiados, nos ponemos en manos de nuestra mejor cualidad para, desde el raciocinio, dirigir nuestras vidas. Nos abandonamos, dice Steven C. Hayes, creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso, en manos de nuestra capacidad lógico-matemática para resolver problemas, dando por sentado que su férrea concatenación de premisas y conclusiones puede salvarnos. Nos entregamos a ella, a nuestro Dictador Interno, como en ocasiones se han entregado las naciones a la guía de un líder carismático.

Hayes

A veces, es cierto, se nos presentan situaciones que acarrean sufrimiento, situaciones de las que no podemos salir apoyándonos en la muleta de nuestro pensamiento. La vida, a veces, nos muestra su rostro más descarnado, negándose de un modo salvaje a su domesticación y echando por tierra de un solo golpe toda nuestra ergonomía y nuestra domótica.

La receta que ha alcanzado mayor aceptación social es sin duda la que nos propone seguir confiando en nuestros recursos mentales para dominar la situación, reestructurando, sí, nusetra cognición, el gabinete de ministros de ese Dictador Interno, pero sin plantearle nunca una moción de censura.

Si reparamos en los avances y logros alcanzados en el ámbito de la salud -así es como comienza Una mente liberada. La guía esencial de la Terapia de Aceptación y Compromiso (Paidós, 2020)-, el panorama al que asistimos es bastante desigual. Por un lado, enfermedades prácticamente incurables hace tan solo unas décadas presentan hoy día unas tasas de supervivencia cada vez más esperanzadoras. Mientras tanto, una enfermedad como la depresión ha ido escalando posiciones en el dudoso podio de los males más incapacitantes hasta situarse desde 2017 en el primer escalón según la Organización Mundial de la Salud.

Con frecuencia, dice Hayes, “las cosas que nos pueden causar el mayor dolor son las cosas que más nos importan”, de modo que el movimiento natural de evitación que pone en marcha nuestro pensamiento termina arrojando un resultado contraproducente. Y lo mismo sucede cuando seguimos la estrategia contraria: centrarnos en el problema y buscar la solución… Acabamos irremisiblemente atrapados en él, rumiándolo y acrecentando su alcance sobre nuestra salud y nuestra vida.

Mirar al abismo

Lo que tienen en común todas nuestras estrategias mentales a la hora de abordar situaciones que generan ansiedad, estrés, etc. es precisamente eso, que son mentales, que dejan que la mente imponga su rigor lógico, la rigidez psicológica. El camino alternativo, heterodoxo, que propone la ACT es precisamente el de desarrollar una serie de habilidades que nos doten de flexibilidad psicológica para acercarnos al sufrimiento, el malestar y la inquietud con apertura, curiosidad y amabilidad. “La flexibilidad psicológica nos permite aceptar el dolor y vivir la vida tal como deseamos vivirla, y con dolor cuando hay dolor”.

En cierto modo, y salvando las distancias, se trata de pautar un camino análogo al que ensayó el médico británcio John Fewster cuando reparó en que la infección previa con la viruela vacuna hacía que una persona fuera inmune a la viruela. Aproximarse, pues, al mal, asomarse al pozo de la desesperanza, porque el sufrimiento es inevitable, connatural a nuestra humanidad, y porque a la larga anestesiarnos no sirve de nada. Pero aproximarnos de modo tal que aprendamos a evitar los sistemas de defensa más tóxicos que nos tiene preparados nuestro Dictador Interno.

Vacuna

Y esto, ¿cómo se hace? Pues para eso una Guía esencial de la Terapia de Aceptación y Compromiso con casi 500 páginas donde se desarrollan las herramientas y se circunstancia su uso. Aquí tan solo anunciamos que son 6 los recursos, que se presentan como virajes que redirigen hacia la flexibilidad un anhelo vital oculto:

  • El viraje de la defusión, para mantener la mente a raya.
  • El viraje del yo, para aprender a tomar perspectiva.
  • El viraje de la aceptación, para aprender del dolor.
  • El viraje de la presencia, para que vivamos en el ahora.
  • El viraje de los valores, para que decidamos qué nos importa.
  • Y el viraje de la acción, para comprometerse con el cambio.

Para finalizar, tan solo un comentario: y es que da gusto cuando las buenas editoriales mantienen el rumbo y no se dejan engatusar por estudios de mercado cortoplacistas. Felicitamos, pues, a la editorial Paidós por estar a la altura de su trayectoria y su prestigo.

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