¿Amor psicopático?

¿Amor psicopático? ¿Es eso posible?

Pues la respuesta, en este caso, es un rotundo no.

En la anterior entrada del blog, reflexionábamos sobre el amor delirante a propósito del libro Amor Perdurable, de Ian McEwan; y hoy, vamos a dar alguna pincelada sobre el “amor psicopático”, muy entrecomillado para resaltar la contradicción de estos términos, y como derivado del asunto aparecerá también algún pequeño comentario sobre el amor neurótico y el narcisismo. Todo ello, en esta ocasión, a propósito de otros dos libros y una más que interesante entrevista al psicólogo Iñaki Piñuel, experto en psicopatías y en la atención a las víctimas de estas personalidades.

Al final de la entrada, encontraréis el enlace a la entrevista que el psiquiatra Dr. Gaona le realiza al autor de Amor Zero y Familia Zero: Iñaki Piñuel. Son algo más de dos horas de entrevista que para los amantes de la psicología y para cualquiera interesado en el tema, se hace tan amenas e interesantes que sólo lo podríamos comparar con una masterclass en la materia.

Placer y la excitación por dañar, manipular y utilizar a los demás, por saltarse la norma legal y moral; quizá así podríamos definir la conducta psicopática. Así que cualquier comportamiento por parte de estas personalidades que imite un sentimiento amoroso, no dejará de ser eso mismo: una imitación, un sucedáneo de amor para barnizar la verdadera finalidad del psicópata: activarse, excitarse, salir del aburrimiento y de su vacío emocional interno, a costa de aprovecharse de los sentimientos de su víctima.

Nos encontramos entonces con dos personalidades: una persona cuya conducta está basada en los sentimientos de apego y que, por lo tanto, sentirá amor, miedo, pena, culpa, angustia, etc…y de ahí que se guie en la vida por la empatía, por la norma moral, e incluso por el arrepentimiento cuando algo ha hecho mal.  Y otra personalidad, la psicopática, carente de esos sentimientos de apego y por lo tanto, libre de emociones como el miedo, la culpa, la tristeza, etc. No presentan verdadera empatía porque no la sienten, sino un sucedáneo en forma de lectura de lo que ellos saben se debería sentir en algunos casos; algo que como veremos utilizan para simular emociones y engañar a sus víctimas.

Y es que Iñaki Piñuel lo deja muy claro en sus libros y en sus entrevistas: cuando pensamos en psicópatas vamos a dejar de imaginarnos a un monstruo como Hannibal Lecter sino que la gran mayoría de psicópatas son lo que él denomina psicópatas integrados: aquello del lobo con piel de cordero. Personas altamente encantadoras, completamente integradas en la sociedad, que son maestros y maestras en ocultar su conducta depredadora detrás de una imagen pública excelente e inmaculada. ¿Cómo es posible que aquella madre, aquel padre, aquel jefe, aquel compañero o compañera, aquel vecino, o aquel médico, policía, abogado, etc sea un psicópata?

Pero si uno se cruza en su camino entonces comprobará su implacable lógica: la seducción, la manipulación, la traición, el abuso, el maltrato, el engaño, la anulación…. En definitiva, hablamos de depredadores emocionales oportunistas que no dudarán en hacer todo lo posible para lograr satisfacer sus interés y necesidades y que se convertirán en verdaderos parásitos emocionales hasta destruir poco a poco a quienes están usando y exprimiendo.

Sus víctimas, aquellas pobres personalidades apegadas que, si tenían genuinos sentimientos, apenas van a creer lo que les está sucediendo hasta que suele ser demasiado tarde porque aplican una técnica gradualista con la que van acosando, maltratando, dinamitando…

 

Y ¿por qué decíamos que de refilón tocaríamos el tema del amor neurótico o del narcisismo? Pues porque, aunque cualquiera puede terminar siendo víctima de un psicópata integrado, suele ser muy raro que una persona con un sistema de apego seguro se enganche a este tipo de personalidades. Son, más bien, aquellas personas con carencias afectivas de base quienes tienen más dificultades para identificar a tiempo la depredación psicopática y tienen más problemas para poder zafarse de estas relaciones.

El “niño perdido”, como define Piñuel, que no tuvo una figura de apego incondicionalmente amorosa, se encuentra con una herida psicológica a lo largo de su vida adulta que es identificada y olfateada por los peores depredadores sociales, psicópatas, que aprovechan esa herida para enganchar, someter y aprovecharse oportunísimamente de estos “niños perdidos”.

Personalidades neuróticas, la mayoría inseguras y de autoestima inestable, con problemas de timidez, o que han practicado una salida up a su trauma y desarrollan un narcisismo vulnerable. Todas ellas son personas altamente vulnerables a cualquiera que se les presente en la vida adulta con esa promesa de redención. Alguien que les promete que les va a cuidar, a amar, que van a ser esos padres o madres incondicionales que ellos no tuvieron. Ese es el peligro de los “niños perdidos”, que van buscando a alguien que les proteja y, normalmente, quien les termina atrapando es el peor depredador de nuestra especie: un psicópata integrado.

 

¿Qué confunde la victima del pseudo-amor psicopático?

Los psicópatas inducen en sus víctimas al mismo tiempo una gran destrucción y un potentísimo vínculo de dependencia que denomino “apego al maltratador”. El apego al perpetrador es una reacción habitual al trauma de traición y al reforzamiento dual que practican los psicópatas que alternan la seducción, las promesas de cambio y de redención con las peores atrocidades y manipulaciones. La víctima queda adicta a un constante sufrimiento emocional que interpreta erróneamente como “pasión amorosa” y al subidón emocional que los altibajos psicopáticos le generan.

No pueden amar, pero si simulan emociones que no tienen. Simulan grandes escenas teatrales para seducir a sus víctimas y al auditorio. Careciendo de un mundo afectivo interno, de la experiencia del apego, están totalmente volcados hacia el exterior. Son grandes observadores del exterior y disponen de todo el tiempo del mundo para observar lo que cada uno necesita, analizar a sus posibles víctimas, a las que llegan a copiar sus características para simularlas como si de una máscara se tratase, en un proceso conocido como alma-gemelización. Con lo que las víctimas, que volvemos a recordar si tienen un verdadero sistema emocional, quedan fascinadas por el encanto de haber conocido a alguien tan especial, tan parecido a uno, tan cuidadoso, tan eficaz…entrando en un verdadero “trance hipnótico” del que les cuesta mucho salir.

Todo va muy rápido con ellos y con ellas. Se saltan todas las etapas en la aproximación relacional. Son impulsivos…lo quieren todo y lo quieren ya. Carecen de miedo, ansiedad o sufrimiento que les pueda detener o paralizar. Así que avanzan sin duda, con medida cautela depredadora, hacia su víctima. El doctor Piñuel nos habla de sus estrategias de bombardeo de amor en las primeras fases de la vinculación, en el enganche sexual que no dudan en utilizar, en la confusión que crean en la víctima cuando busca reciprocidad y se encuentra que no la obtiene, en los juegos de triangulación para generar deseo y rivalidades que provocan una verdadera tormenta emocional en las víctimas, etc.

Psicópatas que no dudan en emparejarse a su víctima, siempre que les sea útil; y de la cual se desprenderán sin remordimiento cuando lo crean conveniente. Usar a los demás, disfrutar de ello puesto que les activa y les causa excitación, someterlos y antes de desecharlos y cambiarlos por otra víctima más interesante, intentar transformar la bondad que había en sus víctimas en algo tan oscuro, vacío y triste como son ellos en realidad.

 

Sobre el tratamiento de la víctima:

Iñaki Piñuel se muestra, de nuevo, contundente: la terapia psicológica puede ayudar a la víctima, pero no puede hacer nada por el psicópata. Los intentos de abordaje desde la psicoterapia no han hecho más que ser, como no, usados y manipulados por los psicópatas para sus siguientes depredaciones.

Así que, centrados en la víctima lo primero es comprender: la causa del abuso psicopático no estriba en lo que la víctima pudo hacer, sino en lo que representa para el narcisismo maligno de todo psicópata: una amenaza y una oportunidad.

No resulta raro que las víctimas de una relación de pareja con un o una psicópata terminen finalmente comprendiendo que la única y última razón de ser elegidas fue su elevado potencial para ser parasitadas. Una vulnerabilidad que es irresistible para cualquier psicópata. Su sentimiento de poder hacer cualquier cosa, sin sentir miedo o remordimiento, les conduce a desviarse de las reglas y las normas sociales, a traicionar la confianza de los demás y a violar incluso las leyes, todo ello sin sentir compasión alguna por sus víctimas. De modo que captar en su radar una víctima vulnerable ejerce para ellos una gran atracción. Vulnerabilidad y oportunidad para su depredación…ya sólo les queda iniciar el juego y sentir el placer excitatorio de la perversión moral.

Si tu pareja es psicópata, es muy probable que seas una persona de excepcional calidad en lo personal, social o profesional. Ninguno de los individuos que un psicópata anhela conseguir para su uso y abuso es de baja categoría humana, intelectual o moral. Las víctimas de un psicópata integrado suelen ser los mejores de entre los individuos que pueblan este mundo. Muy frecuentemente las víctimas de un depredador psicopático son personas bondadosas, ingenuas, generosas, siempre dispuestas a perdonar, olvidar y volver a empezar… Este tipo de personas con la guardia y las defensas muy bajas ofrecen el mejor blanco para estas personalidades viperinas, manipuladoras, seductoras y encantadoras.

Por eso, la regla general del psicólogo Iñaki Piñuel tratándose de psicópatas es huir lo más lejos posible de ellos sabiendo que toda relación con un psicópata no puede llevarte más que a sufrir, siempre que juegues a algo con él o con ella terminas perdiendo. Contacto Zero para salir del Amor Zero o de la Familia Zero.

 

Como siempre, desde la LIBRERIA MAYO esperamos que esta entrada os haya parecido interesante y terminamos recomendadoos muy encarecidamente que leais los libros: Amor Zero y Familia Zero. Y que no dejeis de ver la entrevista que enlazamos con el psicólogo Iñaki Piñuel. Merece la pena !!

Un abrazo!!

 

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